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lunes, 8 de noviembre de 2010

"Wall Street: El Dinero Nunca Duerme". Entrevista a Michael Douglas (I)

"Wall Street: El Dinero Nunca Duerme" - asi se denomina la secuela de la legendaria película "Wall-Street", que se estrenará en las pantallas cinematográficas de Rusia. El actor, Michael Douglas, quién actuó nuevamente como el banquero Gordon Gekko, contó a la revista "Ogoniok" lo que piensa sobre la crísis y el culto al dinero.
(Entrevistado por Sergey Rakhlin, Nueva York)

En la primera película  "Wall-street", el héroe Michael Douglas Gordon pronuncia el monólogo que se volvió clásico no solo en en el cine americano si no y también en el cine mundial, que suma la fuerza positiva del capitalismo americano:
Michael Douglas.
"¡La codicia, por no existir una palabra mejor, es buena!. ¡La codicia es correcta. La codicia funciona. La codicia clarifica, penetra y captura la esencia del espíritu evolutivo. La avaricia en todas sus manifestaciones - avaricia por la vida, por el dinero, por el amor, por el conocimiento - aseguró el vuelo de la humanidad!".
Por ironia del destino, la frase "¡La codicia - es buena!" se volvió en los últimos años en una de las acusaciones del orden económico que condujo a la crísis mundial.
A pesar del énfasis cláramente anticapitalista y liberal de la primera película "Wall-street", muchos brahmanes del mundo del dinero de hoy reconocen que ingresar en el sendero financiero les indujo la imagen de Gekko con sus pelos alisados y sus tirantes. Desde ese entonces, la diferencia de salarios, entre un trabajador común y los directores de las compañías americanas, se elevó hasta el 500%. El salario real de los americanos (considerando las rectificaciones de las inflaciones) no crece por decenas de años. Y a los banqueros, que llevaron a sus empresas hacia la bancarrota, los despidieron con "paracaídas de oro" de 100 millones de dólares o más. Y los bancos y empresas, que fueron rescatados del colapso potencial por el gobierno  americano, empezaron al instante a pagarles a sus directivos bonos del importe de 250 millones hasta casi 2 mil millones de dólares. Por ejemplo, Richard Fuld, que hundió a una de las antíguas compañías financieras, al Lehman Brothers, cayó en la "almohada de dinero" de 457 millones de dólares.